lunes, 12 de octubre de 2009

MI CUMPLEAÑOS SOBREVOLANDO DEL DELTA DEL RÍO OKAVANGO

Hace exactamente un año, celebraba mi cumpleaños número cincuenta. Recuerdo claramente que durante todo ese día estuve invadido por un sentimiento mezcla de gratitud, humildad y curiosidad. Gratitud por gozar de buena salud, porque puedo amar con igual o más pasión y compromiso que antes, por disfrutar al máximo de lo que hago, porque trabajo con un equipo que quiero y valoro demasiado, y por poder celebrarlo con mi familia y mis amigos. Humildad porque es una de las virtudes que más admiro, trato de practicar y con la que más me he ido identificando a lo largo de los años, y Curiosidad – que gracias a Dios nunca he perdido – por saber qué se traería este segundo tiempo del que, honestamente, no esperaba nada tan espectacular, sino que más bien una suerte de lata de tener que comenzar a internalizar la realidad, aunque muy lejana, de los cuarteles de invierno, de la proximidad forzada al mundo médico y las isapres (que palabra tan lejana y nada que ver con este entorno..), la aparición insostenible de pliegues y cueros colgantes y el aumento progresivo de las imágenes en tiempo pasado yo fui, yo tuve, yo hice, yo me recuerdo que….etc.


Me encuentro sentado frente al computador, en la habitación número seis del precioso, elegante, moderno y acogedor Vumbura Plains Camp, ubicado en una isla en el delta del Río Okavango en Botswana. Se trata de una palapa de unos sesenta metros cuadrados, con techo de paja en forma de cono cuadrado al revés, con las paredes laterales de género verde oscuro típico de carpa y con ventanales de suelo a cielo que, en reemplazo de vidrios tienen una atinada malla de kiwi negra y transparente que permite que el aire seco circule e impida el ingreso de los mosquitos. La temperatura alcanza unos treinta y cinco grados a la sombra. Los colores de los muebles y tapices son en tonos beige y blanco y el piso de tablones de madera pintada al alballalde blanco. En una esquina del amplio espacio cuadrado de la habitación hay un ducha con una prominente challa y una repisita que contiene todo tipo de amenidades para jabonarse y lavarse el pelo, en otra esquina y privado se encuentra el escusado y en el centro, un precioso mueble de madera de ébano marrón oscuro de diseño moderno y formas art deco - que perfectamente podría ser el bar o el escritorio - que contiene dos lavamanos contrapuestos y separados por un delgado y largo espejo que pende del techo y llega hasta unos treinta centímetros de la cubierta. Frente a la ancha cama, coronada por el infaltable mosquitero en cuyo centro hay un ventilador de aspas, hay un espacio a desnivel con un sofá en L repleto de cojines de gamuza, e insinuando la marcación de los espacios, cuelgan desde el alto techo varios géneros delgados blancos de unos 150 cms de ancho que se mueven suave y constantemente al compás del viento exterior. Todo está perfectamente logrado y nada desentona. La sensación que siento en este lugar es de paz, equilibrio y armonía. La terraza tiene un gran deck de listones de madera con dos tumbonas un sector con cojines bajo un cobertizo y en el borde una piscina de mediana profundidad de dos por tres metros. También a la interperie, en otra terraza más pequeña hay otra ducha . La vista se pierde en las enormes planicies inundadas de Vumbura, por estos días, en plena época seca, se encuentran cubiertas de pastos verdes y papiros, manjar preferido de elefantes y antílopes que deambulan por los alrededores. El entorno lo cubre hoy una espesa y no muy agradable bruma. Pienso que los ojos me pican producto del repelente para mosquitos que debo echarme de tanto en tanto pero, me cuentan en la Recepción que el viento está soplando desde el este y desplaza consigo el humo de varios incendios que arden desde hace unos días a pocos kilómetros de acá, y de los cuales nadie parece preocuparse mucho. Pienso en las aterradoras imágenes de los incendios de hace algunas semanas de Los Angeles o Atenas, pero claramente en esta parte de la sabana Africana se maneja otro código pues todo cuanto sucede se le atribuye a la naturaleza y sus procesos. Aunque los incendios hayan sido intencionales, ella misma se encargará de apagarlos.


Mis amigos de Wilderness Safaris dueños de este Camp, con quien hacemos este viaje junto a la Mery y Yura, pensaban darme una sorpresa para mi cumpleaños, pero en algún momento a alguien involuntariamente se le salió. Para no desilusionarles, no le di mayor atención aunque ya no fuera sorpresa para mí. Cada noche durante la comida planificamos las actividades del día siguiente, así es que anoche confirmé que el regalo de cumpleaños que me tenían era un paseo en helicóptero sobre el delta del Rio Okavango, algo que había soñado cientos de veces y que nunca pensé que llegaría a cumplir. Quedamos de acuerdo en que, para captar la mejor luz para filmar y fotografiar, deberíamos despegar a las ocho de la mañana. Tras un liviano desayuno, nos dirigimos en Jeep al helipuerto del Camp ubicado a no más de un kilómetro. Al llegar nos esperaba Anni, una rubia treintona y sonriente, más bien baja y de contextura gruesa, quien nos recibió con un fuerte apretón de manos, gesto que no me hubiese llamado la atención si no fuera porque hombre y mujeres locales al dar la mano lo hace con ésta fláccida y fofa. Raro pues ante los tamaños de las personas, uno inconscientemente espera que el saludo sea firme, cosa que no sucede. Anni es la one-woman-show: recepcionista, azafata y comandante del AMB 35, un espectacular helicóptero color concho de vino con capacidad para seis personas al cual, de puro buena onda, le había removido las puertas laterales para permitirnos filmar sin obstáculos ni reflejos. Desde que bajamos del jeep hasta que estuvimos ya sentados y amarrados incluso habiéndome asegurado el broche de los cinturones con una cinta café plástica para envolver – imagino que para impedir desabrocharse en pleno vuelo y saltar al vacío – tuve un flashback al cumpleaños del año pasado dónde me preguntaba qué sería de mi vida en el futuro. Me emocioné y se me puso la carne de gallina al internalizar que hoy, cumpliendo uno más de cincuenta, la vida continuaba y me seguía regalando sorpresas. Coincidí plenamente con aquello de que el calendario vale hongo y que el espíritu “ it´s all about” como repiten constantemente por acá.
Sobrevolar el Okavango. Tantas veces pensé en que daría cualquier cosa por hacer ese vuelo y sentirme libre y feliz como la Meryl Streep y Robert Redford sobrevolando los flamencos del Lago Nakuru en Out of Africa. Incontables tardes tirado de guata en mi cama con los brazos en triangulo y las muñecas sosteniéndome la pera, viendo en la tele los documentales del Nat Geo y Animal Planet que mostraban vistas aéreas de las manadas de elefantes chapoteando en las aguas de este maravilloso y único oasis en el medio del desierto Kalahari. Y se hizo realidad. La Mery sentada de copiloto con anteojos Rayban al tono, sosteniendo su cámara con el potente lente, me hacía recordar a esos fotógrafos que se agazapan tras los arcos en los partidos de fútbol . En la cabina trasera y sentado a mi izquierda, Yura con la cámara y audífonos funcionando. Al frente de él , OB nuestro experto y respetado guía sentado tieso, con grandes anteojos negros tipo dictador, callado, con los brazos cruzados. Nos confesó mientras tomábamos desayuno que le carga volar en helicóptero porque se marea. Me lo imaginaba rezando en Tswana para que la guata no le fallara. Yo también me plegaba a sus oraciones porque el cuadrito aquel no hubiese sido nada de placentero. A los pocos segundos y a unos cientos de metros una manada de búfalos pastan en las praderas verdes. Impalas, elefantes y hasta un cocodrilo flojeando al sol en una pequeña isla pudimos ver en la media hora que duró el vuelo y cuyo momento culmine fue un vuelo rasante a no más de cincuenta metros de la superficie. Entremedio, me afloró un acto esotérico y pensé qué podría significar el comenzar celebrando el día de mi cumpleaños en mi elemento, el aire. No llegue a ninguna conclusión más simple que, sea lo que sea, se llame como se llame, o se deba a quien se deba, me siento súper contento, privilegiado, y estimulado con la sensación de que aún tengo tanto por hacer y tantas aventuras por vivir. Por lo pronto esta tarde, a las cuatro, nos espera una lancha en la que haremos un paseo por los canales cercanos al Camp filmando imágenes para nuestro programa Africa Ad Portas . Le hemos dicho a OB que queremos ver más de cerca los cocodrilos y los hipopótamos que nos han sido esquivos en este viaje. Veremos qué logra. En cualquier caso, happy birthday Uge!

5 comentarios:

myriam cox dijo...

Uge te pasaste si haces sentir que uno esta metido en la narracion, yo me imagino lo que cuentas y me emociona pensar e imaginarme lo que cuentas la verdad te felicito. Saludos a los acompañantes.
Myri

Unknown dijo...

Hermano, que relato mas emocionante, que regalo mas adhoc...toda una aventura, la vida te ha llenado de bendiciones...te queremos muuucho,
your sister anne

Ana Maria Fontana dijo...

Alucinante.... te mando un beso

CAP dijo...

Tremendo cumpleaños, aventurero! Fabulosa narración y qué ganas de ir algún día. Suerte, viajeros, que les siga yendo tan bien a los tres. Un abrazo y felicitaciones por el writing.

Gabriel Bunster dijo...

Buena Uge; Feliz Cumpleaños!
Que maravilla los paseos que te das. Me he demorado leyendo lo tuyo pues saltaba a Google a buscar imágenes del hotel ese y del río. Increíble.
Debes empezar a poner fotos, que son ya casi un must.
Felicidades.